CAMPOS EN TERRAZAS

A lo largo de los siglos, las Cinque Terre han sido conquistadas por el hombre, cambiando de aspecto, pero manteniendo el contacto directo con la naturaleza y adaptándola a sus necesidades. Los bosques originales fueron reemplazados gradualmente por el cultivo de la vid en terrazas, a través del aplastamiento de la roca y la paciente construcción de muros de piedra seca.
Los muros de piedra seca, quizás el símbolo más claro de esta magnífica obra, están construidos exclusivamente con cantos rodados de piedra arenisca apilados y rellenos de escombros y tierra, sin el uso de ningún otro material. Entre los campos en terrazas se construyeron largas y empinadas escaleras de piedra. Esta obra se refleja en figuras titánicas y seculares: aproximadamente 8.400.000 metros cúbicos de muros de piedra seca para una distancia de 6.720.000 metros, es decir, 6.729 kilómetros.
Hoy, la emigración y el abandono de la actividad agrícola está provocando una disrupción de este biosistema. Donde hay menos presencia humana, paradójicamente, la degradación es inmediata. De hecho, las terrazas han contribuido de manera decisiva a la estabilidad hidrogeológica de las laderas y han creado un paisaje único. El abandono de cultivos provocó en algún caso deslizamientos de tierra.